Ojo con los reconocimientos

Una de las herramientas más poderosas para incrementar la motivación y el sentido de pertenencia en las organizaciones son los reconocimientos, que dependiendo de los presupuestos que se tengan, pueden ser tanto económicos como emocionales.
En el caso de la compañía en la que trabajo, tenemos que valernos de la creatividad, la simbología y la palabra para hacer reconocimientos especiales. Le apostamos a celebrar y reconocer los resultados extraordinarios que obtienen los equipos para estar alineados con nuestra consigna de alcanzar la excelencia en lo que hacemos.
Pero uno de los aprendizajes que me ha dejado el último reconocimiento es el de cuidar los detalles, por más pequeños que sean, porque todo comunica.
El hecho de convocar a todo el equipo, de reunirlo alrededor de un sencillo refrigerio, de expresar unas cortas, improvisada pero sentidas palabras de agradecimiento por el trabajo bien hecho, son esenciales para hacer de este breve momento un ritual especial y significativo.
Algunos líderes quieren ir más allá y entregar detalles a sus reconocidos, lo cual se aplaude pero es a lo que definitivamente hay que prestarle atención, pues por querer hacer más se puede terminar haciendo menos. Ojo con la equidad en la entrega del regalo, ojo con las rifas, ojo con la explicación que antecede la entrega del regalo al que se lo merece… Un buen momento se puede ver opacado por la falta de tacto a la hora de definir este simple ritual. Más aún si estamos ante un público de nivel básico u operativo. Hay que saber qué y cómo comunicar a través de estos espacios. Hay que ir más allá y leer claramente a la audiencia. Pero sobretodo hay que hacerlo de manera genuina porque por más que nos esforcemos en cuidar los detalles, lo que no sale del corazón, se nota y también comunica.

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¿Y si seguimos el ejemplo del colibrí?

Absolutamente cierto… por eso, yo hago mi parte porque estoy convencida que es mi mejor aporte

Cultura Comunicativa

“La acción más pequeña vale más que la intención más grande”(LElsenberg)

Como profesional dedicado a las comunicaciones internas, ¿cuántas veces te han preguntado para qué trabajas en una actividad poco común o escasamente conocida, y que, al final, apunta a resolver algo que siempre fue y seguirá siendo un problema en las organizaciones?

Independiente de nuestra vocación y entusiasmo por lo que hacemos, me tomo el atrevimiento de compartir con ustedes una interesante parábola que quizás nos ayude a encontrar y dar una mejor respuesta a los interrogantes que habitualmente recibimos de directivos y compañeros de trabajo, e incluso familiares y amigos.

La fábula del colibrí

Había una vez un incendio en colibriel bosque. Todos los animales huían desesperados. Sólo un colibrí hacía el camino contrario. Con el pico tomaba agua de un lago cercano y la arrojaba al fuego. Un tatú, intrigado por…

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